“The reason birds can fly and we can't is simply that they have perfect faith,

for to have faith is to have wings.”

Peter Pan, J.M. Barrie


2011-11-28

Un Dulce Caramelo



  Una niña de boca de rosas y ojos vidriosos encontró aquél día un pequeño gato blanco. El animal la miró con su mirada de océano, y ella posó una mano sobre su lomo tembloroso. 

  Al retirar sus dedos del suave pelaje del cachorro, los vio pintados de rojo. 
-¿Qué te ocurre?-preguntó al gatito. El animal no respondió, y sus grandes ojos de zafiro se humedecieron con el rocío de la tristeza. La niña asintió, intuyendo la melancolía de la criatura.
-Ahora vuelvo.-anunció, despidiéndose con la mano del gato. La niña se alejó corriendo, y volvió pasado el tiempo. Entre sus pequeñas manos de cisne traía un envoltorio dorado. Lo abrió, y descubrió un caramelo. 
-Toma, es para ti. Lo necesitas más que yo. Mamá dice que, cuando te pones triste, la dulzura es la mejor medicina.-dijo con voz de miel, entregando al pequeño gato su valiosa posesión. El pequeño animal lamió la golosina, para acto seguido acurrucarse en el regazo de la niña. Esta le cantó una nana que su madre le recitaba al dormir, meciéndolo entre sus brazos. Escuchando el latido de su corazón. El gato herido ronroneaba, a pesar de estar más sangrante que el día.

  El sol se precipitó entre los tejados de rubí, y la noché cayó sobre la luz, cual velo azulado. 


  La niña se durmió en la penumbra. Sus pestañas de azabache batían las alas del sueño. 


  Al despertar, ya había amanecido. El pecho del gato ya no flameaba, ni su cuerpo llameaba. Su mirada celeste se perdía en el cielo.
-Buenas noches-susurró la niña. Y desapareció con los rayos de oro que vertía el cielo.

2011-11-26

La Falda Rosa

   -¡Lucía!-aulló mi hermana a un minúsculo pelo de mí. Me tapé las orejas con ambas manos, cerrando un ojo y arrugando mi nariz.
-¿Qué quieres, Marta?-gruñí.
-¡Buenos días, hermanita!-dijo ella, con voz cantarina, alejándose dando saltitos rumbo a la cocina.

  La leche estaba demasiado caliente, y terminé de desayunar con la lengua quemada. Marta y yo corrimos al baño en estampida, dando empujones por entrar primero al baño.
-¿Me dejaf tu fffalda rofa?-me preguntó, con la boca llena de pasta dental.
-No. Hoy me la voy a poner yo.-mascullé, esperando en el pasillo con impaciencia.
-Eff menfira, lo haf dixo pofque te la he pedido.-acusó ella, señalándome con la boca aún llena de pasta dental.
-Di lo que quieras.-dije, bostezando.
-¡Cruel!
-Estúpida.
-¡Malvada!
-Sapo pestilente, acaba de una vez, por Dios.-añadí, irritada.
-¡Se lo diré a mamá!
-Bien.
-Bien.
-¡Bien!-le grité, mirándola con provocación. No acabó bien para ninguna.

  Marta me lanzó una mirada de odio y salió corriendo para llorarle a mamá. Yo me quedé ahí, de brazos cruzados, terca. Nuestra madre nos castigó a no salir aquella tarde. Nos cayó una gran regañina, y salimos galopando de casa, con las mejillas rosas y un tenso silencio de por medio.

  La falda se quedó en mi armario.

  Llegamos a clase tarde, resoplando y coloradas por la carrera. La profesora nos echó al pasillo a meditar el concepto de la “puntualidad”.

  -Eres una inconsciente. ¡Mira que decirle a mamá que no te dejo mi falda! ¡Ya sabes lo que pasa cuando se entera de nuestras pequeñas discusiones! ¡Salimos las dos perdiendo!-gruñí, frunciendo el ceño.


-Y tú eres una egoísta. ¿Dónde está tu falda, eh?
-Es de mi posesión, la compré con mis ahorros y me pertenece. Puedo hacer lo que quiera con ella.
-¡Todo menos prestársela a tu hermana! ¡Parece que no me quieres!-susurró Marta, poniendo esos ojitos de cordero degollado que hacen a una sentirse culpable.
-¡Oh, no! ¡Eso no!-exclamé, cerrando los ojos.-¡Esta vez no vas a salirte con la tuya!
-Pero si en el fondo tú me quieres, Lucía. No puedes negarlo.-añadió con voz dulce, dándome un beso en la mejilla.
-No sigas.
-¿Por qué?
-Por favor, Marta, para.
-Mírame a los ojos.
-No
-Mírame, hermanita.
-No quiero.
-Sí que quieres, Lucía. Sé que tu corazón es tierno en el fondo.

  -Lo siento. Mañana te dejaré mi falda rosa. Te quiero muchísimo, hermana mía de mi alma. ¿Contenta?-murmuré, desesperada. Intenté sonreír.
-Gracias, Lucía. Es muy bonito por tu parte.-sonrió, resplandeciente.

  Al día siguiente, mi falda rosa se quedó en el armario. Y el siguiente, y el siguiente.
-¿No te vas a poner nunca mi falda? ¿Esa que tanto adoras?-pregunté un día a mi hermana, curiosa.
-No, gracias. Si en el fondo no me gusta. ¿Me dejas tu vestido azul?


2011-11-19

Aquél Otoño






   Era otoño, ¿recuerdas? Yo lloraba desconsolada en el banco de un parque. El alma se me escapaba del cuerpo por cada lágrima que me arrancaba la cruel vida. Mi inocencia había sido herida, y teñía con su sangre el color de los árboles. Yo miraba el cielo gris y me preguntaba a mí misma quién era. El mundo parecía arrugarse como el papel ante la llama, y yo estaba dentro del primero. Me sentía la chica más desdichada del universo.

  Tú me viste derramar tiernas lágrimas, y te sentaste a mi lado, a pesar de no conocerme. "No tienes derecho a llorar", me dijiste. Yo te mire, con el alma en un puño, y fueron los mejores treinta segundos de mi vida. Tú me sonreías con dulzura, envolviéndome en tu fascinante mirada color chocolate. "¿Por qué?" te pregunté, con la voz rasgada. "Porque una persona tan maravillosa como tú no tiene derecho a llorar si no es de felicidad. Es un insulto para las personas que sí tienen razones, ¿no crees?". Me arrancaste una sonrisa del corazón, secando mi llanto con una mano de terciopelo. "No te conozco y ya quiero casarme contigo" te respondí, regalándote mi mejor sonrisa. "Sí, quiero" susurraste, cogiéndome de la mano. 


  Me preguntaba si no escucharías el bombardeo que ocurría en mi corazón. Me miraste, y yo te devolví la mirada. Tú la desviaste haciendo gala de unos preciosos hoyuelos, y yo me sonrojé. 


  El mundo era de color rosa, con estrellitas color crema, nubecillas de miel y corazones glaseados con purpurina. 


  Me acompañaste a casa, y yo te dije un inaudible gracias. 


  Me sonreíste, y mis mejillas se encendieron. Me rodeaste la cintura, yo te envolví la cara entre mis manos. Mi cuerpo temblaba, y nuestras miradas se acariciaban. Nuestros labios se tocaron, y yo cerré los ojos. ¿Sería un sueño?


  Pero cuando parpadeé, tú seguías ahí. Tus ojos buscaban los míos. 


  "¿Cuándo volveré a verte?" te pregunté, con los ojos brillantes. "Pronto" me respondiste, y tus pasos se alejaron bajo la tibia luz de otoño. Todavía no te habías ido y ya te echaba de menos. 

 

2011-11-15

Ni Naiz Afrika


  Ni Naiz Afrika





Begiak kliskatu nituen, eta mundua piztu zen.

  Ez nengoen inon, mundua baitzegoen nire baitan. Zeru urrekarak niri egiten zidan irribarre. Lurra kiriblidua zegoen nire azpian, erori ez nedin. Aireak nire birikak betetzen zituen, eta lur maitakorrak prestatzen zizkidan elikatzen ninduten fruituak. Zer gehiago eska nezakeen? Mundua nire aginpean zegoen, erregina bat sentitzen nintzen Afrikako bihotz zirraragarria besarkatuz, taupa-taupa adoretsua senean sentituz.

  Maitemindua nengoen. Maitemindua Afrikako oihan liluragarriekin, bere zilarrezko urjauzi zurbilekin, bere kobrezko basamortu ederrekin.

  Jaiki nintzen, eta Lurra agurtu nuen. “Egunon, adats orlegizko maitea” esan nion, gozo. Berak erantzun zidan: “Kaixo, seme agurgarria. Gaur egun berri bat izango da guretzat, beste egun bat elkarrekin bait da”. Eta, beti gertu eta maitakor, elkarrekin ibili ginen. Egun bakoitza egun berri bat da.

  Perlazko zingira hotz batean murgildu nuen nire burua, biziaren arnas zuria dastatuz. Beltxarga dotore eta prestu batekin egin nuen igeri, isiltasun adierazgarrian. Bere amodiozko luma leunekin egin nuen amets, eta bihotz hunkituarekin begiradaz agurtu genuen elkar. Arima freskoarekin, basamorturantz habiatu ginen mundua eta ni.

  Lehenengo aldiz nire oin biluziek hondar epela ikutu zutenean, hotzikara batek astindu zuen nire gorputza. Nire aurrean herioaren itsaso gorrizt hori besterik ez nuen ikusten, eta beldur nintzen. Baina gero esan nuen nire baitarako lautada isolatu eta amaigabe hura lagunen arimaren leku izkutuena bezala dela; zaila da haietara salto egiten ausartzea, baina, egin ostean, mundu eder eta miragarri bat aurki dezakegu, gure egiazko barrunbea soil-soilik. Sinplezia polit bat da.

  Beraz, bihotza zaldi aztoratu gisa nire bularra kolpatuz, pausoz pauso barneratu nintzen infernu kilikagarri horretan.

  Eguzki odoleztatuak zeru urdinean egin zuen dantza. Bere garrak urrutian itzali ziren, argi distiratsu eta leunak zeruan isuriz.

  Eta, berriz ere, gaua berpiztu egin zen nire begirada liluratuaren aurrean. Maitale gozoa balitz inguratu ninduen bere ilunabar beroan.

  Basamortuko itzal eztien artean zimeldu zen nire begirada, Ama Lurraren musu samur batean nire gogoak ametsetako lurraldea zeharkatuz.

 Afrika gauaren berotasunean lokartu zen.
                                                                       Nahia