“The reason birds can fly and we can't is simply that they have perfect faith,

for to have faith is to have wings.”

Peter Pan, J.M. Barrie


2012-12-17

Carta a Santa Claus

  Querido Papa Noel:
 
  Hace unos años te pedí una muñeca, rubia, delgada, con mucha ropa y una mansión rosa con jacuzzi…Y me la trajiste porque me porté bien. Pues bien, esa muñeca ahora está olvidada entre tres Kens en un rincón oscuro, lleno de polvo y juguetes viejos. 

  Lo que quiero decirte es que he cambiado de opinión, ahora no quiero acabar como una barbie de sonrisa de molde, los estereotipos están sobrevalorados. Sólo quiero seguir saliendo fatal en las fotos, estar sola de vez en cuando, parecer una estúpida haciendo playback al escuchar una canción que me gusta, comer tanto turrón por navidades que después me duela la tripa, soñar despierta y luego reírme de las tonterías que una hace cuando cree que no hay nadie alrededor, mantener conversaciones tontísimas con otra persona aburrida, querer a alguien en secreto…En fin, cosas que hacen que valga la pena despertar. Porque, ¿quién quiere ser perfecto pudiendo ser mejor? Seguro que faltan muchas locuras por hacer antes de decir “así soy yo, ¿y qué?”.

  El regalo más especial es un espejo para mirarte y sonreír al reconocer la felicidad. 

Para nosotros




  Me desperté aquella madrugada bañado por el oro que desplegaba sus pétalos eternos en el mar, en mi sonrisa risueña, en las blancas sábanas que aún guardaban tu aroma. Busqué tu calor en la luz que me cegaba, tu dulce voz fundida en mi boca, pero sólo escuché mar, solo mar. Ese roce hermoso entre la turquesa delicada y la sedosa arena, resonando en mis oídos como una explosión de sal en los labios secos, perdidos sin tu aliento.
  

  Pronuncié tu nombre aunque sabía que no ibas a responder. Miré en los armarios aunque sabía que no ibas a aparecer. Lloré hasta derretirme en lágrimas frías sobre la arena, dejándome lamer por las lascivas olas, aunque sabía que ya no ibas a volver.
 

   Te esperé un día entero, sin comer ni beber, intentando respirar por no morir, solo por la razón de que si volvías, yo debía estar ahí. Fundí la mirada entre llamaradas de azul diamantino, con reflejo de luna en la mirada que llovía tristeza, llovía amor, sobre un arcoiris de tierna esperanza. Una película de hielo caía desde mis pestañas sin vida hasta las mejillas, descendiendo por la nariz hasta la sonrisa perdida. Esas manos inertes apretaban con fuerza la arena, como si fuera a escaparse, como tú. 


  Al atardecer, perdí toda esperanza. Creí verte aparecer entre las olas coronadas con blandos narcisos, pero más tarde descubrí que se trataba de un solitario delfín que cantaba la melodía del mar, la música más triste y abrumadora que se pueda escuchar.
  No te guardo rencor, simplemente te amo. Lo único que ha cambiado es que seguiré amándote solo en las tristes noches en vela, al ritmo del mar, marcando mi propio compás y viendo tu rostro en las preciosas estrellas, luminosas como tus tímidas pecas en mi piel, bajo la caricia de la noche eterna. 

  
  Solo quiero que no cambies, que sigas dibujando corazones en la arena, arrancando flores, manchándote los labios con helado de chocolate, inventándote palabras y fingiendo que existen, cantando fatal en la ducha, escribiéndote poesía en el ombligo, sonriendo a los caracoles, hablando sola por la calle con el teléfono apagado y riéndote a carcajadas como a mi me gusta, a tu manera. Porque llevaré conmigo en una mochila todo lo que hemos vivido, sin tristeza, porque lo bueno no termina, simplemente cambia de forma. 

2012-11-21

Para ti

  "Hoy me he despertado a tu lado y me sentí princesa, pero las cosas cambian...¡y de qué manera!

  No me odies por ello pero he visto las estrellas reflejadas en el mar, tan lejos, tan cerca. Y el viento apasionado me ha acariciado el pelo y me ha dicho que vuele más alto. Sé que te estoy haciendo daño, pero quiero que sepas que no cambiaré, que seguiré dibujando corazones en la arena, arrancando flores, manchándome los labios con helado de chocolate, inventándome palabras y fingiendo que existen, cantando fatal en la ducha, escribiéndome poesía en el ombligo, sonriendo a los caracoles, hablando sola por la calle con el teléfono apagado y riéndome a carcajadas como a ti te gusta, a mi manera. Porque llevaré conmigo en una mochila todo lo que hemos vivido, sin tristeza, porque lo bueno no termina, simplemente cambia de forma. 


  Sólo eso, que un placer haber coincidido contigo en esta vida, que te llevaré siempre conmigo, y que te dejo las canciones que cantábamos juntos en verano cogidos de la mano, para que nuestras voces vuelvan a sonar una vez más. Quién sabe, quizás nuestros caminos se vuelvan a cruzar. No sé donde estaré ahora, mientras lees esto, pero te aseguro que muy lejos. Quiero empezar de cero, comerme el mundo y pintar el universo con mis colores. 

  Cada noche pensaré en ti al cerrar los párpados. 

  Un beso:)"


 

2012-11-11

Mirando las olas


Estoy escribiendo a la luz de la luna, arrollada por la brisa en un Universo sin fronteras. Ya no sé qué creer, todo es tan confuso... Miro las olas florecer desordenadas, como sueños que abren sus pétalos blancos y se deshacen en la eterna arena. Ya no hay rastro de las iniciales pintadas por risueños en la ondulante playa, porque esos sueños que vuelan alto y luego son engullidos por otra marea los han borrado. El tiempo ya no importa aquí, corre como el viento y se detiene por momentos. Recuerdo las sonrisas, la música, el amor... y me preguntó si realmente viví alguna vez en ese planeta. Ya nada parece real, temo no despertar y quedarme encerrada en este sueño fascinante y quieto. Porque mis pensamientos sobrevuelan las suaves nubes, pero solo avistan agua, y más agua... Estoy bloqueada en mí misma, y no me sé la contraseña. No estoy atrapada en una isla desierta, pero es como si lo estuviera. Porque miro las estrellas y les pregunto ¿Quién soy?, ¿De dónde vengo?, ¿A dónde voy?... Y solamente escucho el silencio cantar. No quiero ser diferente a mí, ni siquiera aparentarlo, solo quiero encontrar un mundo en el que yo sea algo. Porque sé que estoy aquí por algún motivo, y es irónico preguntar, pero miro al futuro y solo veo, solo mar. Yo bailo bajo la luna, no dejo de sonreír, vivo la vida dentro de mí, y simplemente me regalo ser feliz. Porque el presente es solo tuyo, no debemos dejarlo ir.

  

2012-11-07

La Rosa y sus Espinas




  El día en que Geraldine iba a morir, encontrose a la madrugada en un lecho de blancos pétalos de rosa. La hermosura de las dulces hojas como sueños cumplidos la embriagó. 

  La mujer salió al jardín en ropa de cama, con sus risueños tirabuzones brillando a la melosa luz dorada. Miró de un lado a otro, en la cristalina fuente, en el patio interior y todas las torres. Pero la señorita nada halló fuera de costumbre.

  Sola en el palacio cuando asomó la luna, tachonada de bruma, Geraldine se resguardó junto a la chimenea anaranjada. Sus pupilas huidizas escrutaban el aula, las cejas de la dama se fruncían, nerviosas, y sus manos se aferraban a la silla sin sangre que fluyera por ellas. Cada instante la doncella se giraba para mostrar su pálido rostro a la entrada, temerosa de que nadie penetrara. Bajo un pliegue de su vestido, sacó ella mediante un suspiro, un tallo de rosa retirado del jardín que se debió hallar entre las sábanas de su alcoba. Ya tenía los pétalos y el tallo; lo siniestro, que las espinas jamás se encontraron. Aquella noche macabra, gritos horribles despuntaron el alba. El reloj del palacio se paró cuando una mirada de agonía lo señaló.

  El día siguiente a la madrugada, Geraldine no despertó. Su cuerpo amaneció en un lecho de rojos pétalos blancos, y sus ondulantes tallos. Aquella mañana, sin embargo, la rosa entera se halló; pétalos, tallos...y ensangrentadas espinas. Y, a su lado, una nota. "No todo lo que brilla es plata", firmada por "La Rosa y sus Espinas".

2012-10-21

Buenos días, ¡princesa!


  De:mí
  Para: ti

  Has sido elegida para princesa de este cuento. Tu papel consiste en ser feliz, independientemente de aquellas brujas que intenten destronarte y robarte tu corona. Brilla siempre con la luz de tu sonrisa, que iluminará a las princesitas tristes que necesiten de tu dulzura, e ilumínalas cada día para que jamás se sientan solas. Sé tú misma, no cambies, teje un vestido con tus errores e imperfecciones y llévalo siempre contigo, para que todos sepan que eres así y no te avergüenzas de ello, porque nadie puede hacerte daño con algo de lo que estés orgullosa. Sé noble, respeta a tus enemigos y siente lástima por ellos, pues han tomado el camino equivocado y todos merecemos una segunda oportunidad. Pero no permitas que nadie te borre la sonrisa, porque cada momento es único y nadie tiene derecho de robártelo, porque las estrellas quieren verte bailar. Y, sobre todo, NUNCA OLVIDES QUE SI TE APAGAN LA LUZ, SIEMPRE PUEDES ENCENDER UNA VELA.




  La vida es una obra que comienza ¡ya! :) 


2012-09-13

El Corazón Del Viento





  Érase la más hermosa princesa que un día sus tirabuzones anaranjados de oro puro expuso al sol desde la solitaria ventana de la más rica mansión.

  Otoño era su nombre y su piel era liso marfil, sus ojos un trocito de cielo y sus labios rosados pétalos de amor. Su voz era campanillas, sus mejillas tierno rubor, su cuello el de un cisne y su poesía la mejor.

  La princesa era tan delicada como el más fino cristal, por eso su padre la guardaba para que nada le fuese mal. Sin embargo aquel día de septiembre, cuando del verano iban al invierno pasar, la fascinante juventud la impulsó a   desde la ventana saltar.

  Por desgracia para la dama, al caer su tobillo se quebró. Estaba acostumbrada,  al suave tapiz de su  habitación.

  Ante lo ocurrido, lamentó haber salido del nido. Amaba a la familia con todo su esplendor, pero la aventura del exterior la enamoraba sin control. El sol se escondió, el calor se marchó; todo lo que quedaba era frío y temblor. Las sombras se alargaban y el tiempo no paró, pero la princesita seguía inmóvil sin solución. Tristes lágrimas florecieron en su mirada dorada, y descendieron hasta el cuello de hada.

  El Viento, noble mensajero de ojos grises, sintió lástima de la ninfa y acudió a sus pies. Al ver su tobillo magullado, la consoló con un dulce halo. La risueña muñeca sonrió entre la cascada de diamantes, como un arco iris alegre de celestes colores. El Viento la consoló trayéndole desde lejos maravillosos olores y mágicas canciones, y la llevó con un soplido hasta sus padres. Ellos no vieron al joven, seguramente porque la princesa se guardó en el corazón toda su imagen. La princesa se volvió más risueña, cada noche veía el rostro del Viento en las estrellas, y de día en el sol y sus centellas.

  Una sonrisa enamorada floreció bajo su pequeña nariz, con adorables hoyuelos y ese rosado matiz. El corazón de la muchacha lo había robado el Viento que recorría los mares y cielos con elegante movimiento. Ese dragón de ojos grises y plateado cabello que sólo dejaba a la pobre enamorada pensar en ello.

  Un atardecer fogoso, en el que el escarlata de teñía de joven plata, Otoño llamó con todo su corazón al Viento. Él acudió con un viento tibio y amable, sobre un lecho de pétalos de rosa llevados por la brisa. Los pétalos quedaron en los rizos dorados, que se curvaron con la risa de cascabel de la bella sirena. Dijo la primera:
-Oh, amado Viento, quiero que tus soplos me acaricien cada día, que me mezan tus delicados dedos, que tus delirantes corrientes me lleven de la mano sobre las nubes y las estrellas colgantes, donde poder amarnos hasta la eternidad. Dime una sola vez que me quieres y haré lo que sea para vivir a tu lado un dulce matrimonio floreciente entre vientos y aires.
-Mi cuerpo es vacío, no puedes pretender amar algo que apenas existe porque mis caricias te atravesarán como si fueran las de  un fantasma pasado, un rayo de luz que mece tu bello cabello al son de una canción muda. Me llevaré los recuerdos a tierras lejanas donde otros sueñan como tu me deseas.
-Pero, Viento, dime una sola cosa:¿me amas?-pronunció con énfasis la enamorada, dejando caer al vacío las palabras de su amado.
-Te amo con locura, te amo cerca, lejos, bajo el agua, en el Universo. Te amo donde sea, cuando sea, porque pese a todo tú ardes en mi corazón con fuerza colosal, como un suspiro exhalado, como una explosión que me invade en el pecho cada vez que recuerdo tu voz y pienso en tus besos. Te amo hasta la locura, la enfermedad...Pero te amo, y por lo consiguiente debo dejarte volar.-susurró el Viento con pena, intentando acariciar la mejilla prohibida.
-Entonces eso me basta.-se sonrió la fiel princesa sacando una daga bajo la almohada y clavándosela en el vientre.
-¡No!-exclamó el Viento, sin poder impedir que la hermosa joven cayera al suelo. Se arrodilló a su lado y dejó caer una lágrima que se evaporó en cuanto nació.-¿Por qué lo has hecho, querida mía? ¿Por qué diste fin a tu existencia tan temprano? Ahora lloraré para siempre tu pérdida, puesto que mi vida no acaba.
-Viento tormentoso, estaré contigo en cuanto cruce la barrera de la muerte, porque tú me elevarás hasta la laguna del valle y me dejarás dormir en paz entre sus aguas de cristal. Cuando exhale mi último aliento, volveré a vivir entre los árboles del lago, entre sus olores, entre sus colores. Porque mi cabello anaranjado se transformará en las hojas de los árboles y plantas, mis ojos azules en el frío cielo de caramelo, y mi piel marmórea helará los campos como escarcha. Y mi corazón siempre volará contigo, una palpitación de amor que durará hasta los fines. Y crearé una nueva época, la estación del amor y el sacrificio. El Otoño.

  Y el Viento la obedeció, y el trágico romance de los dos jóvenes que nunca pudieron estar juntos se quedará por siempre jamás congelado en esta mágica estación, denominada como la princesa que una vez amó.

2012-08-18

La mariposa azul


  Una mariposa azul se posó en mis párpados.

  Una mariposa azul se posó en mis pestañas, y los remolinos plateados de sus risueñas alas me trasladaron a un mundo llamado Tierra.

  En aquel mundo tan cercano y al mismo tiempo distante, vi a unos niños jugar en la playa. Uno de ellos se cayó, y de sus ojos se desbordó la brillante tristeza. En su blanca rodilla había nacido una roja rozadura, que el pequeño apretó contra su pecho jadeando.  Sus compañeros, mayores que él, no lo vieron hecho un ovillo en el suelo, y siguieron su carrera entre risas de cascabel. 

  En la herida del niño se posó una mariposa azul. Y una lágrima de cristal cayó sobre la piel roja. El niño descubrió en el ala de la delicada mariposa una grieta que surcaba la parte superior. Aunque su dolor fuera considerable, regaló a la azulada una tierna sonrisa entre las lágrimas. Porque nada hay más bello que dos almas heridas se junten y creen un vínculo eterno. Floreciente; porque eso es la verdadera amistad, el mayor tesoro humano. 

  A veces es necesario una mariposa azul para ver la vida de otra manera.

 

2012-08-16

La melodía del amor


  El fulgor del mar, Universo eterno, se adueñaba de la tierna mañana como una esfera de lapislázuli atrapada en un dorado marco de esmeralda.

  El eco del silbido de las nubosas gaviotas que planeaban sobre el océano arrullaba las cóncavas olas coronadas de ámbar, como sueños que se escapan.

  La melodía del amor. 

  Las nubes enamoradizas formaban diamantinos remolinos en el pálido cielo, en la profunda mirada del cual se escondían aún tímidos destellos celestes.


  Dulce amanecer, despertar de los gráciles corceles del temprano carro de Apolo; llévame contigo y sumérgeme en los esplendorosos pliegues de tu magia una vez más. 

2012-07-26

AL OTRO LADO DEL CÍRCULO DE FUEGO Segunda parte



  -Es el ángel que ha bajado de las estrellas.-dijo una vocecita.
-Oh, sí. Pero no tiene sus alas...-dijo una segunda voz.
-Por eso debemos dárselas, para que vuele hasta la montaña de la Luna de Fuego y cierre el portal del Mundo Oscuro.-habló la primera. 
-Ah, sí. Lo recuerdo, lo dijo el último ángel, el que se perdió en el abismo del Mundo Oscuro arrastrado por las Sombras.
-¡Shhh! El ángel ha despertado.
-Oh, sí. Ya lo veo, ya lo veo. 

  Abrí los ojos, con la nariz arrugada por la deslumbrante luz. Me hice una visera con las manos para poder ver mejor. 

  -¿Dónde estoy?-pregunté a las dos luces que susurraban entre sí.
-En el planeta de la Luna de Fuego.
Me acostumbré a la luz, y distinguí en el aura de luz de aquellas diminutas criaturas (aproximadamente del tamaño del dedo corazón) a dos personitas rubias de vestidos hechos a base de plantas y pétalos.
-Es un sueño, ¿verdad?-Medité en voz alta.
-Si fuera un sueño, podrías despertarte.-apuntó la primera voz. 
-Oh, si, podrías.-repitió la más pequeña. 
-Bien, os seguiré el rollo.-dije, intentando pensar con calma-Suponiendo que estuviera en un planeta adverso al mío, ¿porqué? ¿cómo? ¿basándome en qué? ¿ha ocurrido...?
-Deja las divulgaciones y haz la pregunta obvia.-me cortó el 'hada' grande, extendiendo una mano hacia mí. Lo vi claro.
-¿Cómo puedo volver?-Articulé las palabras con cuidado. 
-Oh, ¡yo lo sé!-exclamó la más pequeña, al mismo tiempo que se me acercaba en un vuelo corto, dejando un rastro brillante.-Debes cerrar la barrera de la Luna de Fuego. 
-Sólo cuando hayas sellado la Luna de Fuego para que nunca más se vuelva a abrir, las Estrellas Doradas que la rodean se hallarán en una circunferencia perfecta. Entonces, cuando estemos a salvo de las Sombras de la otra dimensión, el ancestral Círculo de Fuego te transportará a tu hogar tal y como lo recuerdas.-agregó la otra criatura, solemne. 
-¿Y cómo he puedo cerrar el portal de la Luna de Fuego?-pregunté, absorta. 
-El dragón diamantino te dará la llave.-recitaron las dos a la vez.-Suerte, ángel-Y desaparecieron dejando tras de sí una cascada de purpurina. 

  -¿Ángel?-repetí, confusa. En ese mismo instante un par de sedosas alas blancas me crecía en la espalda. 

  De la nada surgió una gran criatura de escamas perladas y ojos grises como diamantes. Era alargada, alada y majestuosa como ella misma. Su anciana y sabia mirada se ancló en mi mente.
-¿Eres el dragón diamantino?
-Es evidente incluso a ojos angelicales.
Me guiñó un ojo.
-Me han dicho unas hadas brillantes que usted, noble criatura, debe entregarme la llave del portal lunar.-expliqué, perdiéndome en su cristalina mirada. 
-Cierto. Toma, ángel piadoso, nos encontraremos de nuevo en tu camino, más pronto de lo que crees. Vuela hacia tu hogar.
Sacó una lengua plateada de su hocico, en la cual estaba depositada una llave de cristal. La tomé y la agarré con fuerza, a sabiendas de que era el único modo de llegar a casa. El elegante dragón sopló, y su soplido me elevó alto, muy alto, hacia una nada blanca y vacía. 

  Ascendí tanto que perdí la noción, y la realidad que me rodeaba era la misma. Estaba sola en el infinito, con la esperanza depositada en una llave sin cerradura. Era increíble y fascinante que en tan poco tiempo me hubiera acostumbrado a lo que nunca creí. 

  Dejé de subir. Caí, muchísimo, pero recordé mis alas. Las agité suavemente, y floté en el aire. Sin rumbo.

  Al final, divisé en la lejanía la silueta de una montaña muy empinada y con la forma de un helado que se enrolla en sí mismo. Y, en su afilada cumbre, una luna roja; ardiente.

  Mis alas se cayeron de mi espalda y se deshicieron en plumas, y luego en polvo que se perdió en el aire hueco. 

  Aterricé como una pluma en algún punto de la montaña de la Luna de Fuego. Tenía la llave y la luna. Pero, antes de nada, me tendría que enfrentar a unas tales Sombras que querrían proteger el umbral para no ser encerradas en su Mundo Oscuro.

  Y, en efecto, acudieron a mí. Eran como agujeros negros en el aire, siluetas  en el suelo que se dirigían a mí con sus garras de sombra extendidas. Sentí el ponzoñoso terror recorrer mis venas. Recordé las palabras de la luminosa niña, la pequeña: "lo dijo el último ángel, el que se perdió en el abismo del Mundo Oscuro arrastrado por las Sombras". Temblé, sintiéndome frágil como la flor marchita ante un viento huracanado. 

  Al final, llegaron. Estaban ahí, frente a mí. Las Sombras. Dispuestas a sumergirme en algún lugar tenebroso para toda la eternidad, sola e indefensa. 

  Yo representaba la luz; ellas la oscuridad. Y, recordé, la luz siempre vence. 

  Mis manos comenzaron a brillar ante la idea. Me sentí poderosa, capaz de todo. Fruncí el ceño, me concentré, intenté sentir el poder en cada una de las partículas de mi cuerpo. Me encerré en mí misma, uniendo coraje y valor para renacer, encontrarme y superar mis miedos. Y expulsar al exterior todo ese poder que cada uno de nosotros llevamos dentro, y dejar brillar mi luz interior.

  Una bola de energía cósmica apareció de mi fuerza unida para combatir el mal, y, de esa idea, un gran rayo de luz se desplegó como un abanico deslumbrante que ahuyentó a las Sombras que representaban los obstáculos en la vida para conseguir los sueños por los que cada uno lucha. Las Sombras se perdieron entre las oscuras llamas de la Luna de Fuego. Yo corrí con todas mis fuerzas, con una mirada brillante y satisfecha iluminada por las azuladas estrellas, apretando la llave de cristal contra mi pecho, segura de haber encontrado mi camino. Y el maravilloso planeta de la Luna de Fuego relució como una piedra preciosa, azul y brillante como la mágica noche.

  Desde la torre de la cumbre de la montaña, admiré por última vez el hermoso planeta. Junto a mí estaban las hadas y el dragón diamantino. Les sonreí y me despedí con la mano, antes de introducir la llave de cristal en la cerradura de la Luna de Fuego.

  Las ocho estrellas rojas de la gran luna centelleante formaron una circunferencia perfecta, y me dejé transportar por las llamas del Círculo de Fuego.

  Cuando abrí los ojos, ya estaba allí. En el otro lado. 

  En casa.

  







  

EL CÍRCULO DE FUEGO Primera parte


  No todos los días se cumplen los dieciséis, me había dicho mi madre mientras colocaba cuidadosamente flores blancas alrededor de mi gran moño. Hoy será un día especial e inolvidable para ti, y estarás deslumbrante toda la noche. Toda TU noche. Sonreí. 


  Los invitados llegaron hacia las diez, y el jardín parecía como sacado de un cuento de hadas. Mi madre se había tomado la enorme molestia de colocar millones de farolillos azules entre las ramas de los sauces llorones, así como un arco de narcisos, un minibar forrado con tulipanes y una banda tocando mis canciones favoritas. 


  Me gustaría parar el tiempo y vivir eternamente en aquella noche estrellada riendo con mis amigos y dejándome arrullar por las inocentes notas que flotaban en el aire, envuelta en aquella mezcla de fragancias florales. 


  La brisa de agosto hacía aflorar nuestros vestidos, temblar los blandos pétalos y acunar las ramas de los soñadores sauces. 


  De improviso, un farolillo dejó volar una chispa blanca, que dibujó una flor de llamas que caldeó el ambiente. Una explosión de fuego que provocó gritos, y una marea de pisadas huyendo al otro lado del jardín. Escuché el beep de algún móvil en busca de ayuda. La música seguía sonando, y el mundo entero empezó a dar vueltas. Las estrellas se movían, sin duda, dibujaban círculos luminosos en la cúpula celeste. Mis ojos miraban si ver, me sentía abrumada por una sensación muy especial, sin gravedad. No era una mala sensación, al contrario. Era maravilloso, como si estuviera dentro de una burbuja de paz y sosiego. Escuchando la canción que seguía sonando. Distinguí el suelo avanzando, como si realmente orbitara alrededor del sol. Rápido, muy rápido. Ya estaba en el centro del círculo de fuego. El calor acarició mi piel, lamió mi vestido y lo hizo brillar. Cerré los ojos, y sentí como mi cuerpo se acurrucaba entre las llamas. Cálidas, cálidas llamas. 


  Cuando abrí los ojos, ya estaba allí. En el otro lado. 


  En el planeta de la Luna Roja. 


  

2012-06-03

Mi Mundo de Colores


  Quisiera acariciar el cielo de terciopelo celeste, besar los cálidos mares arrulladores, abrazar al sol ardiente y guiñarles el ojo a las estrellas cada noche. 


  Quisiera teñir los desiertos de verde, regalarle un ramo de titilantes farolas a los solitarios volcanes, aprender a iluminarse y a hacer bailar a mi cuerpo con las sensuales auroras boreales. 


  Quisiera eclosionar mi huevo una y otra vez, volar con las sinuosas y letales águilas de oriente sobre praderas infernales, hacer el hula-hop con el anillo de Saturno, reírme de los insignificantes humanos con las fascinantes y sabias galaxias, hacer elevarse una nube de arena de las playas al soplar y alzar el vuelo en la plateada estrella polar rumbo a las lejanas estrellas. 


  Quisiera pintar el mundo de sus colores: los corazones azules, las sonrisas anaranjadas, los besos purpúreos, los miércoles rosas, las mejillas encendidas verdes, las risas de cascabel amarillas y el número 2 color kiwi.


  Este es mi mundo. 

2012-05-31

Sol y Luna



  Sol, no soy capaz de decirte lo que siento. Llámame mentirosa, ni siquiera yo lo creo. A veces presiento que tú llevas ahí desde siempre, inmóvil y observando, a la espera de que algo ocurra, cambiando por mí mientras yo cambiaba por ti.

  Pasa el tiempo, e intentamos ser lo que el otro quiere, por lo que somos día y noche, luz y penumbra, cuchillo y tenedor, dulzor y acidez. Sol y luna.

  El tiempo vuela con pies alados entre las hojas llameantes, nieves etéreas, gélidos vientos y las primeras encantadoras flores San José, y otra vez de nuevo.

  Nada.







  Mil lunas y soles se han perseguido desde hace eones, un doloroso amor eterno entre el alma más pura y sincera y el espíritu más solitario y triste. Ella huye de él, no porque no le ame con todo su sangrante corazón plateado, que llora cada noche en melancólica armonía con las estrellas, sino porque la luna está encadenada hasta el fin del mundo al planeta azul, condenada a rotar en su alrededor  como si fuera su monarca caprichoso. Y el sol se consume de sufrimiento en su llameante quietud, esperando siempre al único momento en el que podrá admirar su belleza, aunque se trate de su cara oculta. Los maravillosos eclipses. Un día el sol se apagará por culpa del codicioso y arrogante planeta que retuvo a su amada, y arderán ambos en un romance imposible que hará de todos una brillante y apasionada nube de polvo celeste.

  Hasta entonces.

2012-05-24

La Historia de Mi Vida

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La Historia De Mi Vida


Soy un suspiro de amor que se acuna en el viento. El color de la vida. La historia de mi vida es corta pero dulce, como los buenos momentos.

Soy una mariposa, y la maravillosa experiencia, la única y mejor, comenzó el día d mi nacimiento. Entonces yo era, como las buenas personas, un gusanito latente y lleno de sueños, esperanzas y ternura. Me arrastraba en la incertidumbre,pero no obstante, mi corazón latía desbocadamente cuando veía a mis hermanas mayores alzar el vuelo, alto, my alto. Les perdía a lo lejos, en el dulce cielo, planeando con una gracia y una elegancia indescriptibles. Yo me quedaba en tierra, soñando con que, algún día, mi cuerpo se despegaría del suelo y ardería de belleza flameante.

Y, un día, ocurrió. Llegó el momento tan esperado, y envolví mi cuerpoen una preciosa y suave crisálida.

Desperté de mi letargo de ensueño, y observé con un desencadenado torrente d placr un hermoso par de alas en mi espalda. ¡Sí!

Entonces alcé el vuelo, dejándome arrullar por una inmensa oleada de mágica pasión. Y admiré mi reflejo en las cristalinas aguas de un arroyo, sobrevolé campos de dorado trigo ondulante, y degusté el aroma del mar lejano. Y pronto el fugaz instante de mi vida se apagará, pero mi espíritu volará eternamente, como lo hizo una mariposa que se enterneció una vez por la belleza del mundo.

2012-05-17



                          Muñeca de Porcelana




     Soy una muñeca atrapada en una vida de hielo y plata.

   Mi dueña es Felicity, una niña que existe entre relucientes diamantes, terciopelos azules y espejos dorados.

  Una tiara de perlas decora mi semblante perdido, como mi suave vestido de seda y un bello lazo en mi espalda.

   Tengo la piel de porcelana lunar, y un cabello meloso y ondulado. Mis ojos son grandes, de un chispeante verde lleno de pasión, como los inmensos mares de furiosa hierba esmeralda.

   Mis labios son tiernos pétalos en prosa, y mis mejillas rosadas luciérnagas de aurora. Soy una frágil silueta de amor en tu infancia, pero en mi interior se esconde un dulce corazoncito que llora en la melancolía de las sombras.

Tik-tak, tiembla el reloj de cristal. Tik-tak, muere el día y nace la noche. Tik-tak, se sume el palacio en silencio inmortal, sueño eterno.


2012-05-09


Me gusta... :)
No me gusta... :(

Me gusta el chocolate caliente cuando nieva, pasear por la aterciopelada playa con los pies descalzos, dibujar caritas sonrientes en cualquier lugar, y acurrucarme entre las sábanas escuchando la lluvia. Me gusta soñar despierta, aprenderme canciones de memoria y la luna en el sosticio de verano. Me gustan los arcoíris de tus ojos cuando llueven y brillan de felicidad, escuchar a tope canciones que no entiendo, recordar los felices momentos de la infancia y volverme loca de vez en cuando. Me gusta estar con mis amigas los sábados, ver programas de humor en la tele, y reencontrarme con la gente que quiero después de vacaciones. Me gustan los niños pequeños, las montañas rusas más trepidantes, no poder parar de reírme y olvidarme de todo por un instante. Me gustan las películas de amor, las de terror, y las tonterías que te hacen gracia solo cuando estás con tus amigas.





No me gustan los chicles que se pegan a las suelas de los zapatos, el algodón que me da dentera ni las bromas de mal gusto. No me gusta el calor empalagoso, la coliflor y esa sonrisa falsa que algunos ponen cuando van a sacarse una foto. No me gusta la arena en los zapatos, la gente irascible y de mal genio, el polvo que me hace estornudar, que la gente se confunda con mi apellido, los sitios llenos de personas, el pelo grasiento, los baños de Francia, estar sin hacer nada, los días húmedos y lluviosos en los que lo único que te apetece es quedarte en la cama y el brócoli. No me gustan las sillas sucias de plástico, el olor a cigarro y la creencia de que el baile no es un deporte. No me gusta que las personas que me importan se enfaden conmigo ni las despedidas tristes.

2012-04-21

Uxue


   Uxue eta biok zaldi gainean gindoazen arratsalde eguzkitsu hartan. Ez balitz horrela izango eztizko irribarrea duen ene lagun maitea gaur ez litzake harrizko ohe malenkoliatsuan lo egongo, masail launak zurbil eta begirada nork daki non.

  Oso erraza zen Uxue desberdintzea; ilea gorri bizi kolorekoa zuen, begi handi eta orlegi distiratsuak, irribarre handia beti jantzia eta azal zuria puntutxo maitagarriz apaindua. Bizitza bera baina gehiago maite nuen, nire panpina gozoa balitz, musu truk edozer eskaintzeko moduan betiere.  Ez nintzen gai aurpegitxo xarmangarri horri ezer ukatzeko.  Eta berak neu ere asko maite ninduen, uneoro zeukan besarkada bat edo masailean muxua niretzat. Gure harremana ederra zen oso, lagun min-minak ginen. Lagunak betirako. Edo hori uste genuen guk orduan.
 
  Eguraldia oso polita zegoen, eta gu bailaran geunden, Uxue bere zaldi  zuri Txinparten eta ni, nire kanela koloreko Xuharren gainean. Bapatean, Uxueren sakelako telefonoaren txirrina entzun genuen. Beti bezain irribarretsu eta niri hatz batez sudurra maitakor ukituz, alai erantzun zion deialdiari. Segundu batzuk eman zituen geldirik, zeruari begira. Zurbildu egin zen, eta mugikorra eskuetatik erori zitzaion. Uxueren begiek distira atsekabetu bat irudikatu zuten, eta bere gorputz guztia dardar bizian hasi zen.

  Zilarrezko malko goibel batek nire lagunaren masaila zeharkatu zuen. 
-Uxue?-egin nuen dei, erabat kezkaturik. Besotik eldu nuen adiskidea,  izpiritu galdua zirudiena orduan. 
-Ama-egin zuen intziri, begirada izutua nigan iltzatuz-Istripu bat izan du...
-Uxue, nire azukre koxkor, lasaitu zaitez. Dena ongi aterako da. Zurekin nago...-saiatu nintzen kontsolatzen, bere eskua bilatuz. Ez zidan utzi.
-Ez-esan zuen, bekokia zimurtuz-Amak bere ondoan behar nau. Etxera noa.-Fustaz inoiz ez bezala jo zuen bere Txinpart maitatua. Zaldi eder gizajoak irrintzi egin zuen minaren poderioz, eta galope gogor bat hasi zuen. Nik hortzak estutu nituen. Uxue ez zen bere bihotzeko zaldi zuria modu horretan jo zuena. Ez zuen inoiz ere egin. Hori ez zen bera.

  Nire Xuharri kolpetxo bat eman nion sabelaldean estriboaz, eta, leialtasunez, nire lagun tristetuaren atzetik haize xuxurlati gisa egin zuen lasterka.

  Oso motela izan zen guztia. Oraindik ikus ditzaket nire bizitzako pertsona garrantzitsuen eta maitatuenaren malko disziratsuak airean. Bihotz sumindua xaflatan puskatzen didaten malko iheskorrak, nire barruko zerbait mila zati mingarrietan kraskatzen didatenak.

  Oraindik entzun ditzaket Uxue gaixoaren intziri atsekabetuak airean, bere negar samurra.  Oraindik ikus dezaket bere zaldiaren ilaje elurtua odolez margotua. Zaldiarena neskarenarekin nahastua.

  Oraindik entzun ditzaket bere azken hitzak erori ondoren:
-Maite zaitut bihotza. Zeruan ikusiko gara.




  Eta gure azken besarkada odoleztatua sentitu dezaket oraindik azalean. 
 
  

  

2012-03-03

Un ángel sin nombre

  Yo iba con mi vestido blanco y mis botas altas, el pelo oscuro rizado y la música de los cascos a tope.

  Me senté en aquel banco, esperando la llegada del topo. Media hora antes de que entrara en la estación.

  Estaba sola en el lugar, una chica anticipada cuando el último topo acababa de abandonarlo un par de minutos antes. Las ocho menos veinticinco.

  Una anciana se sentó a mi lado y me saludó, como si me conociese de toda la vida y no fuera más que una conversación cotidiana. Yo le respondí con una sonrisa y un tímido hola.

  Pasó algun minuto, dos como mucho.
-¿Te has hecho daño en la mano?-me preguntó ella dulcemente, lo más dulcemente que se puedan pronunciar estas palabras desinteresadamente. Le dije que no, sonriendo al darme cuenta de que lo había deducido dado el guante sin dedos que llevaba en la mano izquierda.

  Me preguntó mi edad, yo le respondí que tenía doce años. La adorable anciana afirmó que tenía una nieta de mi misma edad, y recuerdo que dijo que esa nieta (cuyo nombre no mencionó) cumplía los años el trece de mayo. Y pensar que, mientras escribo esto a las 20:48 del mismo día, me acuerdo del cumpleaños de una chica que nisiquiera conozco...

  La anciana, a su vez, cumplía los años el veintinueve de agosto. Un día antes que yo. Qué curiosa es la vida, ¿verdad?

  Su nieta es -me contó- muy inteligente y txintxoa, muy madura para su edad. Es muy estudiante, toca el piano, y practica euskal dantza  y balonmano. Su nombré quedará en la duda por siempre jamás.

  Esperamos sentadas, hablando de dichas cosas y muchas más, tardaría una eternidad ennumerándolas. Hablamos de su nieta, de otros miembros de su familia, mi hermanito, de mí,  y de la vida.

 Yo la observaba en silencio mientras ella me contaba mil cosas fascinantes sobre todas las cosas de las que se pueda hablar en media hora. Observaba sus pequeños y acuosos ojos, y la florida lágrima que se deslizaba por su mejilla pintada de arrugas. Sus labios cariñosos, que parecían saberlo todo acerca de mí en cuanto su mirada amable atrapaba la mía.

  Al final llegó el topo, con sus rugidos, rechinos, y luces. Antes de subir, ella me dirigió una tierna y enorme sonrisa.
-Es muy probable que jamás me vuelvas a ver. Y, cuando tú crezcas, yo ya no estaré aquí. Pero, a pesar del tiempo transcurrido, recordarás a esa amoña que te empezó a hablar. Porque nosotras también fuimos jóvenes, y recordamos.
Subimos a bordo. Había mucha gente, y no encontramos dos asientos juntos. Permanecimos en silencio.
Yo sentía cabalgar mi corazón por mi venas, latente con el nuevo ritmo de la música que llegaba a mis oidos a través de los cascos. Llegué a mi parada, pulsé el boton de abrir la puerta. Alcé la mano en el aire, agitándola sonriente, y me sumergí en la tibia noche. Le diriguí una última mirada a la anciana a través del reluciente cristal, y nuestras miradas se tocaron por última vez. Y me alejé, pensativa.

  Hoy me he dado cuenta de lo fácil que es querer a alguien al que ni siquiera has visto antes. Y de que existen ángeles sin nombre que moran por la vida encontrando un hueco en tu corazón.

  Ni siquiera le he preguntado su nombre. Pero seguirá siendo un ángel, aunque solo exista en mi memoria.

  Estés dondo estés, seas quien seas, y en el remoto caso en que leas esto...gracias.   :)

2012-03-02

Un amor de capa canela

Una cálida brisa dorada penetró en mi habitación a través de las blancas cortinas. Trajo hasta mi cama un aroma a romero, rosa y jazmín. La esencia de la primavera, en definitiva.

   Aparté las gruesas mantas que me cubrían, remetiéndolas bajo el colchón de paja. Tenía un sonriente bostezo en los pulmones cuando me preparé para lavarme con el agua fresca que había en un recipiente de arcilla. El tibio aire de la mañana acarició mi morena piel desnuda, y dibujó unos hoyuelos en mis mejillas, que desaparecieron cuando el corsé me abrazó la cintura. Me cubrí con una camisola ancha de mangas abombadas y unos pantalones. No estaba muy bien visto que una mujer los llevara, pero para una moza de cuadras eran casi imprescindibles, como montar a horcajadas. 

  Puse a hervir una gran cacerola llena de fresca leche, mientras rociaba de mantequilla unos gruesos panes duros. La señora Marta bajó a la cocina, con el escandaloso gorro de dormir aun puesto. 
-Buenos días, señora. ¿Ha dormido bien?-saludé alegremente, mientras me limpiaba  las manos en el delantal.
-Naaaa...-respondió, dando por zanjada la conversación. Le serví el desayuno en silencio, tragándome la risa.  Poco después apareció el señor Fermín, con Pancho correteando entre sus piernas. Saltó sobre mí en cuanto me vio, al mismo tiempo que me propinaba dos grandes lametones en la mejilla. Le rasqué en el cuello, para apartarlo en un intento de servir la humeante taza de leche sin derramarla. No salió del todo bien, y Fermín se quejó, pero todo quedó en eso. 

  Pasé un grueso trapo húmedo por la mesa, y coloqué el delantal en la percha. Dejé a Pancho en la cocina mordisqueando con ahínco una rolliza pata de buey. 

  Después rodeé la casona hasta el establo, donde me encontré con Perico, que partía al monte con el rebaño. Me dedicó una amable sonrisa desdentada y un "Agur!" casi ininteligible, que yo le devolví agitando la mano en el aire. 

Un crujido acompañó la apertura de la puerta. Ahí estaba Politta, una yegua dócil y dulce de capa canela, ojos marrón chocolate y crines de un negro reluciente. Entré a grandes zancadas y le acaricié el hocico. Ella respondió rascándose la cabeza contra mí, en un bonito gesto afectivo. La cepillé con cuidado, trazando círculos en su brillante pelaje. Luego la peiné, y le coloqué el sudadero, el protector y la silla de cuero, junto con el bocado, a mi pesar. Jamás me había gustado colocarle esos horribles hierros en la boca, pero Fermín era muy estricto respecto a eso. Y era su yegua, así que no había nada que hacer. 

  Puse un pie en el estribo (que había ajustado con anterioridad) y monté. Salimos al exterior, a los prados  en los que brillaban los estrellados rocíos de la mañana. Hacía frío, el aire ondulaba mi cabello. El galope era desenfrenado, fascinante y precioso, un arte en el pleno sentido de la palabra. Ese, no ningún otro, era el cielo.          
 

  Recorrimos un serpenteante camino de grava, rodeado por un inmenso mar de viñedos, árboles frutales y encrespados mares de fresca hierba o trigo, espumeantes de amanecer plateado. Politta jadeaba llena de placentera pasión. Con su galope hacía saltar nubes de polvo al mismo tiempo que hacía vibrar la tierra bajo sus fuertes pezuñas. Su lomo ondulaba al limpio galope, casi inmóvil en el aire. 

  Me sequé el sudor de la frente con el reverso de la mano, y observé el dorado sol. Estaba ya en su cenit, sería el mediodía. Tiré levemente de las riendas, y chasqueé la lengua repetidas veces. La yegua se detuvo obediente al cabo de cinco metros, la velocidad impedía que lo hiciera en menos espacio. Era joven pero sabia, me recordé con orgullo. 

  La dejé pastar en un soleado claro, surcado por un riachuelo de aguas frías. Yo me acurruqué bajo un viejo árbol,y engullí un trozo de queso de cabra con pan duro. Después, sedienta, acudí al riachuelo, refrescándome con sus aguas y saciando mi sed. Me quedé dormida hecha un ovillo en las raíces del árbol, con el sombrero tapándome la cara. 

  Me desperté con el gorjeo de unos pajarillos, y volví a ensillar a Politta. Esta vez viajamos al paso,pues a esas horas de la tarde hacía un calor empalagoso.

  Llegamos a la aldea hacia las tres de la tarde, cuando la temperatura comenzaba a ser más estable. Los cascos de la yegua resonaban por las callejuelas adoquinadas. Ese sonido era música para mis oídos. La acaricié en la crin, susurrando palabras de ánimo, a lo cual ella respondió con un bufido de satisfacción. 

  Llegamos a la posada "Basurde urdina". Tuve que entregarle mi yegua a un muchacho extremadamente delgado, Txomin, al que di una moneda para que se comprara algo de comer. Me lo agradeció con una sonrisa de dientes torcidos. El chaval tenía un aspecto adorablemente torpe, pensé casi con cariño. 

  Propiné tres fuertes golpes en la gran puerta, que se abrió con un crujido y un golpe seco. De ella asomó un gran hombre de barriga cervecera y sonrisa simpática. Se limpió las manos en el grasiento delantal (incluso más sucio que las manos) y me estrechó en un abrazo de oso.
-¡Hombre, Antton!
-Zer moduz, Leire?
-¡Bien, amigo, bien!-respondí, dándole una palmadita en el hombro, al que logré llegar de puntillas. 
-Betikoa?
-Betikoa.
Me hizo una señal para que le acompañara al interior de la posada. Había una gran hoguera, un tonel lleno de vino y gruesas mesas repartidas por toda la estancia, abarrotada de gente muy animada. Me acompañó a la bodega, donde me dio un saco lleno de pienso para los caballos, y otro con sobras para las gallinas de Marta y Fermín. 
-¿Han llegado ya los caballos y yeguas?-pregunté, arrastrando ambos sacos hasta la entrada. 
-Sí, hoy a la mañana. Están en las cuadras, como siempre. Ya sabes, pura rutina.-añadió, guiñándome un ojo.
-Como debe ser.-apunté con una sonrisa agradecida, entregándole una bolsita llena de monedas.-Es un placer.

  Salí media hora después con una docena de robustos caballos y yeguas, traídos desde el interior. Yo marchaba al frente con Politta, siempre fiel, seguida del resto. Eran preciosos ejemplares de complexión fuerte, colores brillantes y un oscuro brillo de orgullo en la mirada. Eran casi feroces, pero leales en cuanto te ganases su confianza. Yo ya me conocía la historia, y trabajaba encantada con ese tipo de animal. Tenían un coraje y una personalidad fascinantes, morirían al lado de aquella persona que lograra su respeto y su gran corazón. 

  Marchamos a buen ritmo, dejando una humareda a nuestro paso. Atardecía, el horizonte ardía en una línea de fuego, una brecha de sol, y los campesinos me saludaban con la mano mientras retornaban a sus hogares tras el duro día en el campo. 

  Volvimos al anochecer, cuando las estrellas titilaban en el azulado cielo. Introduje a los sementales en las cuadras, les alimenté y volví a la casona con el pelo lleno de polvo y el cansancio acumulado en todo mi cuerpo. Me puse el camisón y me sumergí entre mis maravillosas sábanas. Y el dulce sueño se posó en mis  párpados.