“The reason birds can fly and we can't is simply that they have perfect faith,

for to have faith is to have wings.”

Peter Pan, J.M. Barrie


2012-07-26

EL CÍRCULO DE FUEGO Primera parte


  No todos los días se cumplen los dieciséis, me había dicho mi madre mientras colocaba cuidadosamente flores blancas alrededor de mi gran moño. Hoy será un día especial e inolvidable para ti, y estarás deslumbrante toda la noche. Toda TU noche. Sonreí. 


  Los invitados llegaron hacia las diez, y el jardín parecía como sacado de un cuento de hadas. Mi madre se había tomado la enorme molestia de colocar millones de farolillos azules entre las ramas de los sauces llorones, así como un arco de narcisos, un minibar forrado con tulipanes y una banda tocando mis canciones favoritas. 


  Me gustaría parar el tiempo y vivir eternamente en aquella noche estrellada riendo con mis amigos y dejándome arrullar por las inocentes notas que flotaban en el aire, envuelta en aquella mezcla de fragancias florales. 


  La brisa de agosto hacía aflorar nuestros vestidos, temblar los blandos pétalos y acunar las ramas de los soñadores sauces. 


  De improviso, un farolillo dejó volar una chispa blanca, que dibujó una flor de llamas que caldeó el ambiente. Una explosión de fuego que provocó gritos, y una marea de pisadas huyendo al otro lado del jardín. Escuché el beep de algún móvil en busca de ayuda. La música seguía sonando, y el mundo entero empezó a dar vueltas. Las estrellas se movían, sin duda, dibujaban círculos luminosos en la cúpula celeste. Mis ojos miraban si ver, me sentía abrumada por una sensación muy especial, sin gravedad. No era una mala sensación, al contrario. Era maravilloso, como si estuviera dentro de una burbuja de paz y sosiego. Escuchando la canción que seguía sonando. Distinguí el suelo avanzando, como si realmente orbitara alrededor del sol. Rápido, muy rápido. Ya estaba en el centro del círculo de fuego. El calor acarició mi piel, lamió mi vestido y lo hizo brillar. Cerré los ojos, y sentí como mi cuerpo se acurrucaba entre las llamas. Cálidas, cálidas llamas. 


  Cuando abrí los ojos, ya estaba allí. En el otro lado. 


  En el planeta de la Luna Roja. 


  

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