“The reason birds can fly and we can't is simply that they have perfect faith,

for to have faith is to have wings.”

Peter Pan, J.M. Barrie


2012-09-13

El Corazón Del Viento





  Érase la más hermosa princesa que un día sus tirabuzones anaranjados de oro puro expuso al sol desde la solitaria ventana de la más rica mansión.

  Otoño era su nombre y su piel era liso marfil, sus ojos un trocito de cielo y sus labios rosados pétalos de amor. Su voz era campanillas, sus mejillas tierno rubor, su cuello el de un cisne y su poesía la mejor.

  La princesa era tan delicada como el más fino cristal, por eso su padre la guardaba para que nada le fuese mal. Sin embargo aquel día de septiembre, cuando del verano iban al invierno pasar, la fascinante juventud la impulsó a   desde la ventana saltar.

  Por desgracia para la dama, al caer su tobillo se quebró. Estaba acostumbrada,  al suave tapiz de su  habitación.

  Ante lo ocurrido, lamentó haber salido del nido. Amaba a la familia con todo su esplendor, pero la aventura del exterior la enamoraba sin control. El sol se escondió, el calor se marchó; todo lo que quedaba era frío y temblor. Las sombras se alargaban y el tiempo no paró, pero la princesita seguía inmóvil sin solución. Tristes lágrimas florecieron en su mirada dorada, y descendieron hasta el cuello de hada.

  El Viento, noble mensajero de ojos grises, sintió lástima de la ninfa y acudió a sus pies. Al ver su tobillo magullado, la consoló con un dulce halo. La risueña muñeca sonrió entre la cascada de diamantes, como un arco iris alegre de celestes colores. El Viento la consoló trayéndole desde lejos maravillosos olores y mágicas canciones, y la llevó con un soplido hasta sus padres. Ellos no vieron al joven, seguramente porque la princesa se guardó en el corazón toda su imagen. La princesa se volvió más risueña, cada noche veía el rostro del Viento en las estrellas, y de día en el sol y sus centellas.

  Una sonrisa enamorada floreció bajo su pequeña nariz, con adorables hoyuelos y ese rosado matiz. El corazón de la muchacha lo había robado el Viento que recorría los mares y cielos con elegante movimiento. Ese dragón de ojos grises y plateado cabello que sólo dejaba a la pobre enamorada pensar en ello.

  Un atardecer fogoso, en el que el escarlata de teñía de joven plata, Otoño llamó con todo su corazón al Viento. Él acudió con un viento tibio y amable, sobre un lecho de pétalos de rosa llevados por la brisa. Los pétalos quedaron en los rizos dorados, que se curvaron con la risa de cascabel de la bella sirena. Dijo la primera:
-Oh, amado Viento, quiero que tus soplos me acaricien cada día, que me mezan tus delicados dedos, que tus delirantes corrientes me lleven de la mano sobre las nubes y las estrellas colgantes, donde poder amarnos hasta la eternidad. Dime una sola vez que me quieres y haré lo que sea para vivir a tu lado un dulce matrimonio floreciente entre vientos y aires.
-Mi cuerpo es vacío, no puedes pretender amar algo que apenas existe porque mis caricias te atravesarán como si fueran las de  un fantasma pasado, un rayo de luz que mece tu bello cabello al son de una canción muda. Me llevaré los recuerdos a tierras lejanas donde otros sueñan como tu me deseas.
-Pero, Viento, dime una sola cosa:¿me amas?-pronunció con énfasis la enamorada, dejando caer al vacío las palabras de su amado.
-Te amo con locura, te amo cerca, lejos, bajo el agua, en el Universo. Te amo donde sea, cuando sea, porque pese a todo tú ardes en mi corazón con fuerza colosal, como un suspiro exhalado, como una explosión que me invade en el pecho cada vez que recuerdo tu voz y pienso en tus besos. Te amo hasta la locura, la enfermedad...Pero te amo, y por lo consiguiente debo dejarte volar.-susurró el Viento con pena, intentando acariciar la mejilla prohibida.
-Entonces eso me basta.-se sonrió la fiel princesa sacando una daga bajo la almohada y clavándosela en el vientre.
-¡No!-exclamó el Viento, sin poder impedir que la hermosa joven cayera al suelo. Se arrodilló a su lado y dejó caer una lágrima que se evaporó en cuanto nació.-¿Por qué lo has hecho, querida mía? ¿Por qué diste fin a tu existencia tan temprano? Ahora lloraré para siempre tu pérdida, puesto que mi vida no acaba.
-Viento tormentoso, estaré contigo en cuanto cruce la barrera de la muerte, porque tú me elevarás hasta la laguna del valle y me dejarás dormir en paz entre sus aguas de cristal. Cuando exhale mi último aliento, volveré a vivir entre los árboles del lago, entre sus olores, entre sus colores. Porque mi cabello anaranjado se transformará en las hojas de los árboles y plantas, mis ojos azules en el frío cielo de caramelo, y mi piel marmórea helará los campos como escarcha. Y mi corazón siempre volará contigo, una palpitación de amor que durará hasta los fines. Y crearé una nueva época, la estación del amor y el sacrificio. El Otoño.

  Y el Viento la obedeció, y el trágico romance de los dos jóvenes que nunca pudieron estar juntos se quedará por siempre jamás congelado en esta mágica estación, denominada como la princesa que una vez amó.