“The reason birds can fly and we can't is simply that they have perfect faith,

for to have faith is to have wings.”

Peter Pan, J.M. Barrie


2012-12-17

Carta a Santa Claus

  Querido Papa Noel:
 
  Hace unos años te pedí una muñeca, rubia, delgada, con mucha ropa y una mansión rosa con jacuzzi…Y me la trajiste porque me porté bien. Pues bien, esa muñeca ahora está olvidada entre tres Kens en un rincón oscuro, lleno de polvo y juguetes viejos. 

  Lo que quiero decirte es que he cambiado de opinión, ahora no quiero acabar como una barbie de sonrisa de molde, los estereotipos están sobrevalorados. Sólo quiero seguir saliendo fatal en las fotos, estar sola de vez en cuando, parecer una estúpida haciendo playback al escuchar una canción que me gusta, comer tanto turrón por navidades que después me duela la tripa, soñar despierta y luego reírme de las tonterías que una hace cuando cree que no hay nadie alrededor, mantener conversaciones tontísimas con otra persona aburrida, querer a alguien en secreto…En fin, cosas que hacen que valga la pena despertar. Porque, ¿quién quiere ser perfecto pudiendo ser mejor? Seguro que faltan muchas locuras por hacer antes de decir “así soy yo, ¿y qué?”.

  El regalo más especial es un espejo para mirarte y sonreír al reconocer la felicidad. 

Para nosotros




  Me desperté aquella madrugada bañado por el oro que desplegaba sus pétalos eternos en el mar, en mi sonrisa risueña, en las blancas sábanas que aún guardaban tu aroma. Busqué tu calor en la luz que me cegaba, tu dulce voz fundida en mi boca, pero sólo escuché mar, solo mar. Ese roce hermoso entre la turquesa delicada y la sedosa arena, resonando en mis oídos como una explosión de sal en los labios secos, perdidos sin tu aliento.
  

  Pronuncié tu nombre aunque sabía que no ibas a responder. Miré en los armarios aunque sabía que no ibas a aparecer. Lloré hasta derretirme en lágrimas frías sobre la arena, dejándome lamer por las lascivas olas, aunque sabía que ya no ibas a volver.
 

   Te esperé un día entero, sin comer ni beber, intentando respirar por no morir, solo por la razón de que si volvías, yo debía estar ahí. Fundí la mirada entre llamaradas de azul diamantino, con reflejo de luna en la mirada que llovía tristeza, llovía amor, sobre un arcoiris de tierna esperanza. Una película de hielo caía desde mis pestañas sin vida hasta las mejillas, descendiendo por la nariz hasta la sonrisa perdida. Esas manos inertes apretaban con fuerza la arena, como si fuera a escaparse, como tú. 


  Al atardecer, perdí toda esperanza. Creí verte aparecer entre las olas coronadas con blandos narcisos, pero más tarde descubrí que se trataba de un solitario delfín que cantaba la melodía del mar, la música más triste y abrumadora que se pueda escuchar.
  No te guardo rencor, simplemente te amo. Lo único que ha cambiado es que seguiré amándote solo en las tristes noches en vela, al ritmo del mar, marcando mi propio compás y viendo tu rostro en las preciosas estrellas, luminosas como tus tímidas pecas en mi piel, bajo la caricia de la noche eterna. 

  
  Solo quiero que no cambies, que sigas dibujando corazones en la arena, arrancando flores, manchándote los labios con helado de chocolate, inventándote palabras y fingiendo que existen, cantando fatal en la ducha, escribiéndote poesía en el ombligo, sonriendo a los caracoles, hablando sola por la calle con el teléfono apagado y riéndote a carcajadas como a mi me gusta, a tu manera. Porque llevaré conmigo en una mochila todo lo que hemos vivido, sin tristeza, porque lo bueno no termina, simplemente cambia de forma.