“The reason birds can fly and we can't is simply that they have perfect faith,

for to have faith is to have wings.”

Peter Pan, J.M. Barrie


2013-11-03

Lazos


 
  Cuelgo lazos como sueños en cada rincón. No son lazos sonrientes. No son lazos alegres. Son lazos anudados con cuidado por suspiros. Cada lazo tiene una historia que contar. Algunos son del color del cielo, otros rosa pálido, hay amarillos, grises y lilas. Ninguno más bonito, ninguno más deseado, sencillamente inocentes. Recuerdo con expresión nostálgica el perfume, el tacto y las curvas de cada vieja cinta. Recuerdo mis manos recorriendo el hilo de arco iris, el ronroneo de las tijeras al cortar los bordes gastados, el tejido quebrarse entre mis dedos sin poder evitarlo. Recuerdo las lágrimas de frustración cuando perdía las cintas. La sorpresa al encontrarlas. Recuerdo las horas frente a la ventana pidiéndole a la luna que me enseñara a trazar el nudo. La tristeza de no encontrar el valor para compartir el resultado. Las noches frías en las que me preguntaba si sacaría la fuerza para seguir adelante.

 
  Ahí están, sin embargo, orgullosos de ser colgados en nombre de las ilusiones. No fue fácil, pero mereció la pena. Ahora, cada vez que el día se derrite en un lienzo de auroras, cuando cae el telón de la noche y se encienden las estrellas, miro todos esos lazos creados por el esfuerzo y la constancia, empapados de recuerdos, y sonrío. Sonrío y me dejo llevar por los sueños.

  Sueños, que son lazos. 


2013-09-25

Cámara, Nota, Imagen



Envuelta en mis pensamientos no advertí que estaba ya a unos metros de la puerta de la escuela y fue en ese momento cuando las vi, apoyadas en las verjas de la entrada…

  La primera, era una cámara fotográfica. Estaba casi completamente oculta entre la maleza. Me acerqué en puntillas, no porque nadie me fuera a delatar, sino por pura curiosidad y la adrenalina de lo desconocido. Las tupidas enredaderas que se enroscaban en torno a la verja la habían protegido de la lluvia y el mal tiempo. La tomé entre las manos, advirtiendo su mal estado. Pulsé el botón de encendido y, para mi satisfacción, el zoom ronroneó al mismo tiempo que se desplegaba. Limpié el polvo de la pantalla con el borde de mi camiseta y comprobé que la calidad estaba intacta. Decidí ver las últimas capturas. Eran imágenes de gente risueña y sonriente. Parecían estar despidiéndose antes de las vacaciones.  En algunas eran muchos. En la mayoría, unos pocos riendo y abrazándose. Había quienes lloraban,  quienes dibujaban sonrisas luminosas y quienes hacían ambas cosas al mismo tiempo. Pero todos parecían felices. Dejé escapar un largo suspiro.

  Apagué la cámara y la dejé donde estaba. Al hacerlo, advertí un papel doblado bajo una oscura película de polvo y mugre.

  Me siento mal, como una frágil hoja arrancada por el viento. Este curso ha sido genial, he conocido a gente estupenda, y, digan lo que digan, ¡no quiero que acabe! Haría todos los deberes que fueran, estudiaría todas las horas que hicieran falta, madrugaría todo lo posible por un segundo más al lado de todas esas personas especiales que han hecho un poco menos duro el frío invierno. Sin embargo, ¿qué precio tiene una sonrisa más en el álbum de los recuerdos?

  Volví a doblar con sumo cuidado la anónima nota, y la escondí entre bajo una piedra. Su caligrafía me parecía muy familiar, aunque algo extraña.

  Por último, la miré. Era una persona como otra cualquiera. Una chica alta, de piel color melocotón, pelo oscuro y ojos verdes de un tono meloso. Sonreía de oreja a oreja. Su mirada tenía un brillo especial, de sueños y mil palabras perdidas en la inmensidad de su silencio.

  La reconocí al instante. Era la misma chica que aparecía en la mayoría de las fotografías que había visto.

  Escondí mediante una frondosa rama el lugar en el que se encontraban la cámara, la nota y el espejo, hasta el año siguiente.


  El dorado sol se anunciaba en las rosadas nubes. La despedida del verano. Me di la vuelta para irme a clase, llegaba tarde. Ya estaba preparada para iniciar un nuevo curso.



2013-09-07

Nunca olvides que si te apagan la luz, siempre puedes encender una vela





  Hay quienes piensan que te puedes encontrar en los demás. Yo no estoy entre ellos.

  Porque, en realidad, en tu mundo habrá siempre personas especiales, pero tú en ellas te proyectarás en formas muy diferentes. Es como mirarse en un espejo; ves tu reflejo, pero en él no todos verán lo mismo que tú. Porque cada uno ve sus propios reflejos aunque el espejo sea tu instrumento, pero solamente uno mismo puede encontrar sus sombras en la mirada, sus recuerdos en las lágrimas que corren hasta la sonrisa que guarda sus palabras jamás susurradas, sus miedos y sus ilusiones en esa imagen que vista desde fuera sólo parece una persona como otra cualquiera.

  Por eso, aunque la luz eléctrica sea más luminosa y más deseada por todos, en la oscuridad de la ausencia, como el precipicio que separa lo que el resto del mundo quiere que seas y lo que tú eres realmente, está la clave de la paz, ese momento en el que se para el mundo y te dices "hola, soy yo, y quiero conocerme y ser mi amigo". Y, cuando te hayas presentado, puedes encender una vela y vivir sin  necesidad de la luz artificial que habita en todas las casas. Porque, aunque muy pocas personas lo vean, ¿qué hay mejor que una cálida y dulce llama entre los dedos? Cierra los ojos, siente el calor, la intensidad, los tonos dorados, el embriagador perfume. La lámpara ya se encenderá cuando quiera, ¡qué más da! No necesitas a nadie más que a ti mismo para ser feliz, lo demás ya llegará. Porque, cuando abras los ojos en la oscuridad, te darás cuenta de que no estás sólo, que hay mucha más gente como tú. Y no volverás a sentirte raro, porque para bailar la vida es suficiente con tenerte a ti mismo y saber escuchar la canción.




El cuento de los sueños



  No necesito una corona para ser princesa. No necesito un príncipe para ser princesa. No necesito el mejor vestido para ser princesa. ¿Y eso por qué? Porque me tengo a mí misma y eso es suficiente. Una princesa solamente necesita una princesa para serlo. Lo demás, banalidades de este extraño mundo. 

  Bailaré bajo el cielo estrellado con una escoba y seré feliz, sin darle importancia a los sapos deseosos de un beso, ¡que esperen! Aprenderé a volar entre las cascadas de los sauces, rodeada de luciérnagas que me hagan cosquillas en los pies. Me bañaré en el mar de caramelo al atardecer, sintiéndome sirena, y verteré lágrimas sinceras sobre las rizadas olas que se lleven mi tristeza. Estaré triste, veré pasar las nubes colgando de un árbol y encenderé sonrisas cuando se apaguen, creando un arcoiris con mi llanto. Y, cada noche, cuando se me cierren los párpados mecidos por mi suspiro, pensaré en esa sonrisa que enamora al mismísimo tiempo. Soñaré despierta y también dormida con el cuento que no acaba comiendo perdices, sino viviendo los sueños y que dejen de serlo. 

2013-07-08

La Canción del Verano

 
  Esta canción es el ritmo del verano. Esta canción es una calavera tatuada en la espalda, un piercing en el labio, el confeti que destiñe el cielo, las lágrimas pintadas en el papel que nunca se leyó, un "te quiero" inoportuno, las flores abandonadas en tu portal por el viento, la goma con la que se borraron las palabras del pasado, el tono más agudo de la risa de un desconocido, un barquito color limón,  las nuevas amistades, los helados derramados, las noches sin sueño, los planes del futuro sin remitente, las guirnaldas de flores, los morritos para una foto, un beso furtivo, una declaración inesperada, las cosquillas de las olas en el ombligo, el chocolate derretido, el sabor de la sandía y muchas, muchas cosas más.

  

Y, ¿qué importa que no sea una canción? ¿Qué importa si todos la hemos bailado? 

2013-06-29

Cometa




  En la plaza que todo el mundo conoce, vi un payaso.

  En la plaza que todo el mundo conoce, donde los niños escogen el sabor de su helado, donde los jóvenes cruzan miradas y se ríen, susurran y hablan, donde los adultos caminan con prisas, donde los ancianos se sientan en bancos para observar la carrera del tiempo, vi un payaso. Un payaso triste.

  Andaba en círculos, lentamente, ofreciendo globos con forma de espadas y perros y flores a los niños. Ellos veían inocencia en su redonda nariz roja. Ellos veían torpeza en sus enormes zapatos. Ellos veían sonrisas en su rostro pintado concienzudamente de blanco, azul, amarillo y rojo. Ellos veían alegría en sus coloridas ropas raídas. Ellos veían generosidad en sus dulces manos enguantadas. Ellos veían luz en su hundida mirada. Yo, no. 

  Yo no veía más que una cometa de ilusiones enredada en un árbol. Una bonita cometa sin alas.

 

2013-06-24

La caja de mis recuerdos



  En la caja de mis recuerdos, bajo el armario del maquillaje, hay siete cosas.

  Una de ellas es un dibujo. Un dibujo sombreado con pinturas de cera, en el que una chica cumple su sueño sin miedo, sin prejuicios, sin complejos, únicamente por ella misma. Sus ojos atraviesan el mundo, su sonrisa irradia colores y su firma es la de la ilusión. 

  La segunda, un perfume. No os confundáis, no es un perfume cualquiera, compuesto por alcohol y alguna fragancia exótica, es un frasco lleno de agua y muchos, muchos recuerdos, embotados en un aroma que al embriagarme con él me traslado al pasado y una lágrima recorre la sonrisa sembrada por el mismo olor. 

  También hay un espejo, un fiel amigo, el más sincero, que muestra las cosas tal y como son. Es el único que sabe como soy realmente. Mucha gente teme al espejo, pero si tienes valor para enfrentarte a él y aceptar lo que ves con una sonrisa, ese será el momento en el que aprendas a convivir contigo mismo. 

  No puedo olvidarme del libro en blanco, con pétalos de rosa entre las suaves páginas. Únicamente, tiene escrito el título, que dice "vida". 

  Por último, guardo es esa caja una canción, mi canción. Porque la canción que acompaña mis días será lo único que no cambiará el tiempo, y seguirá sonando para siempre dentro de mí, dándome fuerzas para ser valiente y recordarme que me debo ser feliz y luchar por mi futuro, por muchos obstáculos que se me pongan por delante

.

2013-06-08

El Último Atardecer


Ya no existe, se ha esfumado como la brisa,
como una lágrima en el profundo mar.
Todas las noches en vela, llorando,
y ya no queda nada más que oscuridad.
¿Dónde están las nubes que rociaron mi piel
de estrellas, de eso a lo que llaman "amar"?
¿Dónde la ausencia, las sonrisas de cristal,
dónde aquella poesía prohibida de
un tiempo perdido que quiero olvidar?
El reloj se para, me arrulla la marea,
sólo queda esperar y dejarse llevar
hasta que estalle el sol, se apague su malva,
para poder sacar las alas y soñar.

2013-05-22

No es un inocente el que sueña, sino el que no sabe que está soñando


  No sé cuando empieza el día y cuando la noche, no sé si la estrella que estoy mirando sigue existiendo o es la sombra de lo que fue una vez, no sé distinguir el bien y el mal, no sé a qué huelen las nubes, ni identificar la nota sol en una canción de amor, ni siquiera sé quién soy y por qué estoy escribiendo. No entiendo el hambre en el mundo, las guerras, el icono de algo a lo que llaman "paz", las sonrisas fingidas ni los retorcidos geroglíficos de los políticos. No sé volar, instalar una red eléctrica, preparar caviar, interpretar ser una princesa, amar condicionalmente, solucionar una ecuación de alto nivel, cantar sin hacer saltar por los aires las ventanas ni programar un robot que pueda sentir. No puedo fingir que todo está bien, que sigo teniendo lágrimas con las que llorar, que no me importe que la luna está sola en medio del vacío llorando toda una galaxia reluciente y que a pesar de todo nadie se preocupa por ella, que el sol no le perdonó robarle el reflejo, que olvidaré algún día lo que pudo ser y no fue.

  ¿Soy débil por admitirlo? ¿Soy menos que otra persona por guardar por un instante la máscara y mostrarme tal y como soy, a pesar de que el mundo prefiera una sonrisa maquillada antes que una sonrisa bajo una lágrima? No lo creo. Porque, cuando sueño, ya nada importa, puedo ser yo misma, imaginar que los unicornios me saludan al pasar de la mano del destino, sin preocupaciones, sin miedo, a mi ritmo y con la banda sonora que yo quiero. Con la inocencia en las mejillas, la seguridad en la mirada y, guardado bajo el lazo de regalo, la certeza de que al despertar será un nuevo día.



¿Es tan malo soñar?