“The reason birds can fly and we can't is simply that they have perfect faith,

for to have faith is to have wings.”

Peter Pan, J.M. Barrie


2013-09-25

Cámara, Nota, Imagen



Envuelta en mis pensamientos no advertí que estaba ya a unos metros de la puerta de la escuela y fue en ese momento cuando las vi, apoyadas en las verjas de la entrada…

  La primera, era una cámara fotográfica. Estaba casi completamente oculta entre la maleza. Me acerqué en puntillas, no porque nadie me fuera a delatar, sino por pura curiosidad y la adrenalina de lo desconocido. Las tupidas enredaderas que se enroscaban en torno a la verja la habían protegido de la lluvia y el mal tiempo. La tomé entre las manos, advirtiendo su mal estado. Pulsé el botón de encendido y, para mi satisfacción, el zoom ronroneó al mismo tiempo que se desplegaba. Limpié el polvo de la pantalla con el borde de mi camiseta y comprobé que la calidad estaba intacta. Decidí ver las últimas capturas. Eran imágenes de gente risueña y sonriente. Parecían estar despidiéndose antes de las vacaciones.  En algunas eran muchos. En la mayoría, unos pocos riendo y abrazándose. Había quienes lloraban,  quienes dibujaban sonrisas luminosas y quienes hacían ambas cosas al mismo tiempo. Pero todos parecían felices. Dejé escapar un largo suspiro.

  Apagué la cámara y la dejé donde estaba. Al hacerlo, advertí un papel doblado bajo una oscura película de polvo y mugre.

  Me siento mal, como una frágil hoja arrancada por el viento. Este curso ha sido genial, he conocido a gente estupenda, y, digan lo que digan, ¡no quiero que acabe! Haría todos los deberes que fueran, estudiaría todas las horas que hicieran falta, madrugaría todo lo posible por un segundo más al lado de todas esas personas especiales que han hecho un poco menos duro el frío invierno. Sin embargo, ¿qué precio tiene una sonrisa más en el álbum de los recuerdos?

  Volví a doblar con sumo cuidado la anónima nota, y la escondí entre bajo una piedra. Su caligrafía me parecía muy familiar, aunque algo extraña.

  Por último, la miré. Era una persona como otra cualquiera. Una chica alta, de piel color melocotón, pelo oscuro y ojos verdes de un tono meloso. Sonreía de oreja a oreja. Su mirada tenía un brillo especial, de sueños y mil palabras perdidas en la inmensidad de su silencio.

  La reconocí al instante. Era la misma chica que aparecía en la mayoría de las fotografías que había visto.

  Escondí mediante una frondosa rama el lugar en el que se encontraban la cámara, la nota y el espejo, hasta el año siguiente.


  El dorado sol se anunciaba en las rosadas nubes. La despedida del verano. Me di la vuelta para irme a clase, llegaba tarde. Ya estaba preparada para iniciar un nuevo curso.



2013-09-07

Nunca olvides que si te apagan la luz, siempre puedes encender una vela





  Hay quienes piensan que te puedes encontrar en los demás. Yo no estoy entre ellos.

  Porque, en realidad, en tu mundo habrá siempre personas especiales, pero tú en ellas te proyectarás en formas muy diferentes. Es como mirarse en un espejo; ves tu reflejo, pero en él no todos verán lo mismo que tú. Porque cada uno ve sus propios reflejos aunque el espejo sea tu instrumento, pero solamente uno mismo puede encontrar sus sombras en la mirada, sus recuerdos en las lágrimas que corren hasta la sonrisa que guarda sus palabras jamás susurradas, sus miedos y sus ilusiones en esa imagen que vista desde fuera sólo parece una persona como otra cualquiera.

  Por eso, aunque la luz eléctrica sea más luminosa y más deseada por todos, en la oscuridad de la ausencia, como el precipicio que separa lo que el resto del mundo quiere que seas y lo que tú eres realmente, está la clave de la paz, ese momento en el que se para el mundo y te dices "hola, soy yo, y quiero conocerme y ser mi amigo". Y, cuando te hayas presentado, puedes encender una vela y vivir sin  necesidad de la luz artificial que habita en todas las casas. Porque, aunque muy pocas personas lo vean, ¿qué hay mejor que una cálida y dulce llama entre los dedos? Cierra los ojos, siente el calor, la intensidad, los tonos dorados, el embriagador perfume. La lámpara ya se encenderá cuando quiera, ¡qué más da! No necesitas a nadie más que a ti mismo para ser feliz, lo demás ya llegará. Porque, cuando abras los ojos en la oscuridad, te darás cuenta de que no estás sólo, que hay mucha más gente como tú. Y no volverás a sentirte raro, porque para bailar la vida es suficiente con tenerte a ti mismo y saber escuchar la canción.




El cuento de los sueños



  No necesito una corona para ser princesa. No necesito un príncipe para ser princesa. No necesito el mejor vestido para ser princesa. ¿Y eso por qué? Porque me tengo a mí misma y eso es suficiente. Una princesa solamente necesita una princesa para serlo. Lo demás, banalidades de este extraño mundo. 

  Bailaré bajo el cielo estrellado con una escoba y seré feliz, sin darle importancia a los sapos deseosos de un beso, ¡que esperen! Aprenderé a volar entre las cascadas de los sauces, rodeada de luciérnagas que me hagan cosquillas en los pies. Me bañaré en el mar de caramelo al atardecer, sintiéndome sirena, y verteré lágrimas sinceras sobre las rizadas olas que se lleven mi tristeza. Estaré triste, veré pasar las nubes colgando de un árbol y encenderé sonrisas cuando se apaguen, creando un arcoiris con mi llanto. Y, cada noche, cuando se me cierren los párpados mecidos por mi suspiro, pensaré en esa sonrisa que enamora al mismísimo tiempo. Soñaré despierta y también dormida con el cuento que no acaba comiendo perdices, sino viviendo los sueños y que dejen de serlo.