“The reason birds can fly and we can't is simply that they have perfect faith,

for to have faith is to have wings.”

Peter Pan, J.M. Barrie


2014-03-24

Mi jardín de las flores de luna



  Escucho las risas de los ángeles, los que susurran el destino en palabras de cascabel. Caen las sombras en mi jardín de las flores de luna. Las luciérnagas se encienden en el prado azul, eclipsando la timidez de sus primas celestes. ¿Escuchas el tintineo de la brisa plateada? Enreda mis mechones juguetones, los riza, me acarician. Las mariposas nocturnas despiertan y aletean, suaves como nubes relucientes, con sus alas de Universo. El cielo está en calma, reluciente. Me pregunto si habrá otra mirada como la mía que se pierda en el fascinante océano que nos atrapa. Me siento pequeña, una frágil muñeca de porcelana, un junco movido por el viento. Y me encanta. 

  Es la hora de los secretos, los sueños en vela, el silencio y... la magia. Magia que nadie ve, que nos esquiva, que brilla en las sombras y de dulce ambrosía delira. Cantan los viejos sauces que un día en el pasado, la magia no se ocultaba, que vivía, merodeaba por doquier sobre un presente perfecto de cuento de hadas. Los dragones orgullosos surcaban los cielos presumiendo de los destellos de su apasionado fuego. Las ninfas, náyades, hadas, sílfides y sirenas yacían en sus fuentes, ríos, bosques, lagos y playas, de serenidad perturbadora, mostrando su sublime belleza hechizante, de sonrisas que envenenan como ponzoña. Las princesas suspiraban en sus torres, a la espera de un amor verdadero que las hizo eternas entre pétalos y sangre. Los dioses hacían eco de su grandeza a lomos de hermosos corceles alados, sembraban el caos y dejaban huella de sus fatales errores. Entonces cerramos el libro, dejamos que su tinta corra por nuestras venas como un fugaz vuelo al mundo de los sueños... y desaparecemos.

  Camino entre los árboles púrpura, donde la magia fluye en el aire, donde las palabras no entienden a sus dueños y se escucha una melodía de respiraciones. Siento clavadas en mí pupilas distantes, volátiles, confusas, pacientes, imperturbables. El bosque púrpura me acepta. Soy parte de él y su magia. No necesito entenderlo, simplemente acepto su relativismo. Es irreal, como mi pensamiento. Como un para siempre colgado de las alas de un cisne blanco rumbo al sol. Es fácil caminar sobre musgo amarillo. Sin dar explicaciones. Sin pensar. Pensar está sobrevalorado. Es mejor caminar entre mariposas de vapor y niebla luminosa, sentirte una hoja que cae con un risueño balanceo a una laguna cristalina y dibuja delicadas ondas en la superficie, atravesando mundos infinitos con las mejillas sonrosadas y una sonrisa enigmática, condenada eternamente a vagar sin rumbo por el placer de descubrir y terminar el cuento. ¡Ah, sí! Bienvenido a mi jardín de las flores de luna.

 



 

2014-03-02

Izan





  Mirada perdida,  boca sin sonrisa,  mejillas rosadas y bucles de noche sin estrellas. Se queda callado,  ausente,
risueño, viendo cómo pasan las nubes sin rumbo fijo. Lleva zapatos de andar,  pero no tiene adonde ir. Esta lloviendo,  pero no tiene paraguas. Todos piensan que si llueve,  hay que taparse para no mojarse. A él le gusta la lluvia, le gusta calarse hasta los huesos,  le gusta el frío, le gusta ver caer las brillantes gotas de sus rizos, le gusta sentir un helado escalofrío recorriendo cada poro de su piel,  le gusta pisar los charcos y empaparse los calcetines... Él piensa que lo que todos hacen no tiene que ser necesariamente lo que tú         necesitas hacer. Por eso todos los lunes se viste con un jersey amarillo y pajarita, simplemente porque eso le hace feliz y lo demás le da igual. Le encantan los ratoncitos,  la mermelada de melocotón, las melodías de piano,  los retratos antiguos,  el color gris,  el viento susurrando al oído de las crujientes hojas,  los tomates cherry,  los sueños sin sentido,  el agua,  los perfumes de canela,  el humo de las chimeneas,  las burbujas,  las duchas frías,  el olor a pino y el número 13. Cuando hace mal tiempo,  va al parque y se queda ahí toda la tarde. Cuando hace sol,  se sienta en el tejado y lee. Y así pasan sus semanas,  sea invierno o verano,  viviendo con tranquilidad aquello que le hace disfrutar. Pinta rostros sonrientes y habla con ellos,  porque prefiere pensar que el mundo es un lugar colorido para soñar,  en vez de acumular los problemas que bastante daño han hecho ya. Y él mismo ha creado un nuevo mundo llamado “donde los sueños dejan de serlo", donde la gente llora y ríe sin máscaras ni maquillaje,  un lugar en el que el cielo es más azul y ser uno mismo es posible. ¿Vienes?