“The reason birds can fly and we can't is simply that they have perfect faith,

for to have faith is to have wings.”

Peter Pan, J.M. Barrie


2014-10-01

Penumbra



  No sé por qué estoy aquí. Ni siquiera recuerdo haber venido. Lo único de lo que estoy segura es que no debo tener miedo.

  Intento moverme, pero mis músculos no responden. Una potente fuerza me arrastra hacia abajo, hacia la oscuridad, y caigo lentamente como una mota de polvo. Me siento pesada, como si estuviera encerrada en un esqueleto de porcelana. 

  Una nítida imagen es proyectada en mi mente. La de una niña con un vestido blanco cuyo rubor resalta  sus mejillas carnosas. Está muy emocionada, su mirada verde brilla de ilusión, me aprieta la mano con fuerza y me llama "mamá". Me siento feliz por poder hacerla dichosa, pues su sonrisa me impide estar triste, es así de sencillo. Subimos al gran barco bajo el deslumbrante cielo azul. Cuando zarpa, vemos alejarse el verdor de la tierra para perdernos en un infinito mundo de olas y perfume salado. 

  ¿Están ahí mis dedos? ¿Mis piernas? No los siento. Trato de imaginarme pero no sé dónde empiezo ni dónde acabo. Es como si no fuera más que un vacío que flota en la nada. Es una sensación extraña, al igual que inquietante.


  Abro los ojos. Sólo se escuchan los crujidos de la madera por cada violento balanceo. No veo más que oscuridad. Me incorporo, pero me paro de golpe al sentir un agudo pinchazo en la sien. Me encuentro mareada. Camino haciendo eses hasta la puerta del camarote y la abro sin hacer ruido. Percibo un inusual olor a... ¿barbacoa? Vendrá del salón comedor. 

  Todo me da vueltas. De pronto, un grito me hace dar un respingo, interrumpido por un horrible silencio. Otro grito.¿Qué ocurre? Doy dos zancadas hasta la litera de la niña del vestido blanco, y la despierto con una leve sacudida. Ella protesta y gruñe, pero hago caso omiso y la saco en brazos del camarote. 


  La cubierta está abarrotada de gente asustada que corre en todas las direcciones. En la planta más alta, allá donde el mar no llega, arde un terrible incendio. Las llamaradas florecen a cámara lenta y crean un aura hipnótica. Es de noche, pero los hilos plateados de luz que surcan el cielo iluminan una temible tormenta que se cierne sobre nosotros. La fría lluvia cae a cántaros sobre el enfurecido oleaje, el viento azota con rabia el barco y se lleva todo aquello que está en sus manos. Los brutales truenos retumban en la inmensidad de la oscuridad, y las negras olas como edificios arremeten contra la estructura de la embarcación, llevándose consigo a todo aquel que alcance, que se pierde bajo la furiosa   espuma. El agua se cuela por doquier, y se filtra al interior del navío. Una explosión de luz nos ciega, y al abrir los ojos nos encontramos con los destrozados restos que arden en consecuencia del feroz rayo, precedido por un trueno titánico. 



   Las últimas luces se apagan, y nos sumimos en una completa oscuridad. Entre las sombras, distingo una enorme silueta que se dirige directamente hacia nosotras. Es demasiado tarde cuando mis ojos se acostumbran a la penumbra y visualizan la gigantesca masa de agua que nos arrastra a lo más profundo del mar.