“The reason birds can fly and we can't is simply that they have perfect faith,

for to have faith is to have wings.”

Peter Pan, J.M. Barrie


2017-07-01

La joven sin rostro



  El joven jardinero alzó la mirada, y las plantas se inclinaron trazando una reverencia con la brisa. El cerezo en flor, ya anciano, inundó el aire y la tierra de pétalos. El estanque suspiró vapor.

  El muchacho jamás había presenciado tal belleza. Frente a él descansaba sobre la hierba una joven de piel lunar, cuyo hermoso cabello de ébano danzaba al ritmo del jardín. Tibias las mejillas, el joven jardinero sentía que aquella criatura debía estar prohibida para la vista humana. Sin embargo, era incapaz de despegar la vista de las ondas de aquel negro cabello sobre la piel de porcelana. Pero, cuando una ráfaga más intensa y más fría recorrió el jardín, y el rostro de la joven quedó al descubierto, el jardinero exhaló un ahogado grito. La bella joven, no tenía cara.

  -¿Es suyo este jardín?-habló una voz tan musical como la melodía de una flauta de bambú.
-No, pertenece a mi señor. Yo no soy más que un simple jardinero.-musitó el joven.
-Entonces las flores de loto han de estar equivocadas... Ellas lo veneran como su amo.
-¿Entiende a las plantas?
- Oh, ellas son muy fáciles de comprender. Basta con cerrar los ojos y sentirlas. Los humanos, en cambio, sois diferentes. Habéis olvidado el lenguaje del mundo.
El jardinero, confuso, lanzó la vista al estanque.
-Perdone la indiscreción, joven doncella, pero... ¿qué es usted?
-¿Qué cree que soy?
-Parece humana, pero... su rostro...
-Lo cierto es, que al igual que carezco de rostro humano, lo hago de nombre. No soy nada en específico, pero la fresca brisa mueve mi cabello al igual que las flores de este jardín. Y, aunque no poseo labios, usted me escucha. ¿Sigue necesitando asignarme una palabra?
-Ciertamente, siento que nada tendrá sentido hasta que así sea.
-Porque así son los humanos, y así es su lenguaje el horizonte de todo conocimiento que puedan poseer. Pero dime, ¿qué es la muerte?
El muchacho dudó.
-No lo sé. No la entiendo.
-Y  sin embargo, la delimitáis. Ese es el motivo, por el que os sentís incómodos ante una existencia abstracta, o no escucháis las flores. Yo soy la prueba de que no es necesario tener ojos para ver, boca para hablar, y oídos para escuchar. Pero, cuando tus pupilas no me encuentren... ¿creerás en mí?


  La pregunta de la joven sin rostro hizo eco y se fue desvaneciendo, al mismo tiempo que su cuerpo y su cabello. Finalmente, no quedó nada. El joven jardinero parpadeó, y sintió un escalofrío. Después su mirada descendió a las plantas, y continuó con su tarea. El aire estaba tan en calma como las aguas del estanque.



La Joven Sin Rostro
Nahia Perez de San Roman



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